Evangelio del día: Estamos llamados a ser alivio y consuelo para los demás…

¡Las palabras de Jesús dan siempre esperanza! y también para tocar aunque solo fuese el borde de su manto. Jesús mismo buscaba a estas multitudes extenuadas y dispersas como ovejas sin pastor (Mt 9,35-36):

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Mateo 11,28-30 - II miércoles de Adviento: Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Evangelio según San Mateo 11,28-30:

Mi Yugo es suave: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana” Palabra del Señor/Gloria a ti Señor Jesús.

Por: Zuly Matheus

Reflexión del Papa Francisco:

Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente simple, pobres, enfermos, pecadores, marginados… esta gente siempre le siguió para escuchar su palabra -¡una palabra que daba esperanza!

¡Las palabras de Jesús dan siempre esperanza! y también para tocar aunque solo fuese el borde de su manto. Jesús mismo buscaba a estas multitudes extenuadas y dispersas como ovejas sin pastor (Mt 9,35-36): así dice Él, y las buscaba para anunciarles el Reino de Dios y para sanar a muchos de ellos en el cuerpo y en el espíritu. Ahora los llama a todos a su lado: “Vengan a mí”, y les promete alivio y refrigerio.

Esta invitación de Jesús se extiende hasta nuestros días, para llegar a muchos hermanos y hermanas oprimidos por precarias condiciones de vida, por situaciones existenciales difíciles y, a veces privados de auténticos puntos de referencia.

En los países más pobres, pero también en las periferias de los países más ricos, se encuentran muchas personas desamparadas y dispersas bajo el peso insoportable del abandono y de la indiferencia. La indiferencia: ¡cuánto daño hace a los necesitados la indiferencia humana! Y aún peor la de los cristianos.

En los márgenes de la sociedad hay muchos hombres y mujeres probados por la indigencia, pero también por las insatisfacciones de la vida y las frustraciones. Muchos se ven obligados a emigrar de su patria, arriesgando su propia vida.

Muchos más, cada día, soportan el peso de un sistema económico que explota al hombre, le impone un “yugo” insoportable, que los pocos privilegiados no quieren llevar.

A cada uno de estos hijos del Padre que está en los cielos, Jesús repite: “Vengan a mí, todos ustedes”. Pero también lo dice a los que poseen todo. Pero cuyo corazón está vacío. Está vacío. Corazón vacío y sin Dios.

También a ellos, Jesús dirige esta invitación: “Vengan a mí”. La invitación de Jesús es para todos. Pero de manera especial para los que sufren más.

Jesús promete reconfortar a todos, pero también nos hace una invitación, que es como un mandamiento: “Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón” (Mt 11,29)

El yugo del Señor ¿en qué consiste? Consiste en cargar el peso de los otros con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y consuelo de Cristo, estamos llamados también nosotros a ser alivio y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro.

La mansedumbre y la humildad de corazón no sólo nos ayuda a soportar el peso de los otros, sino a no cargar sobre ellos con nuestros propios puntos de vista personales, nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 06 de julio de 2014)

Oración de sanación:

Amado Señor, entre todas las riquezas que Tú me regalas, está tu perdón y tu amor. Gracias por ser eres manso y humilde de corazón y enseñarme a amar.

Dame de tu luz para saber ayudarte mejor. Eres mi ejemplo vivo de amor y reconciliación, de un amor que ha encendido en mí la llama de la vida.

Desde mi pobreza quiero trabajar para Ti, pues desde que me dejé conquistar por Ti, encontré el tesoro escondido de la alegría en mi corazón.

Me invitas a descansar en Ti cuando me sienta cansado, me ofreces alivio al sufrimiento y que te deje todas mis cargas. ¡Cuán grande es tu amor, Señor!

Entregarte todas mis preocupaciones significa que debo desterrar de mi corazón la cizaña del orgullo y la vanidad, reemplazándolas por la caridad.

Eres el amigo que no falla y que está siempre dispuesto a aliviar las penas y el dolor de todo lo que me aflige, enseñándome a mirar a través de tus ojos.

Ayúdame a darle importancia a eso que es realmente esencial para mi salvación, haciendo que en mi corazón y mi vida vuelva a reverdecer el amor.

Confío en tus promesas, por eso, camino seguro por este mundo sabiendo que soy y seré por siempre, consolado por tu amor y por tu poder. Amén

Propósito para hoy:

Esforzarme hoy, con la ayuda de Dios, a superar mi defecto dominante, ese que más me cuesta controlar y el que más me lleva a hacer el mal que no debo.

Frase de reflexión:

¿Son grandes tus pecados? Di al Señor: Perdóname, ayúdame a levantarme de nuevo, convierte mi corazón. Papa Francisco.

Fuente: PildorasdeFe.-