Evangelio del dia: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece…

“No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo”.

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La fe es ante todo una decisión, una elección. Luego es un proceso, un peregrina un camino que se recorre a lo largo de la vida y que la involucra a ella toda y en todo momento y todo el tiempo.

REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY
Santo evangelio según san Mateo 7,21.24-27
«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre”
No es extraño pues, que Jesús, fiel al discernimiento profético nos diga hoy con la fuerza de aquel que conoce el deseo más profundo del corazón de Padre:
“No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo”.
No hay redención, ni salvación, ni grandeza, si no hay entrega, disponibilidad a Dios, apertura de corazón, para que la gracia de Dios actúe libremente en el corazón de la persona.

Por: Zuly Matheus

Todavía escucho a muchos católicos desesperarse por no ir a misa un domingo. Como si con ello cometieran la más grande de las ofensas hacia Dios. El sacramento Eucarístico se estableció, según el Magisterio, en la Última Cena, sin embargo el Cordero de Dios se inmoló en la Cruz. El domingo se estableció como día sagrado, no por una “REVELACIÓN” de Dios, sino por una interpretación Conciliar, que valiéndose de la costumbre judaica del sábado, la “cristianizo” trasladándola al Domingo = día del Señor (traducido del Latín), como si a Dios le valiera más un día que una vida. De otro lado del cordel, están los que se rebelaron y se alejaron “del culto”, pero que, en el fondo del corazón se sienten culpables y no viven su vínculo con Dios en paz y en libertad. El adoctrinamiento funcionó bastante bien.
Por favor, no leas estas líneas fuera de contexto. Porque si lo haces, terminaras pensando tú que yo estoy apostatando en contra de la doctrina, las “sanas costumbres” y la “tradición” de la iglesia. Al contrario, mi amable lector, quiero una iglesia sincera, trasparente, ubicada, centrada y concentrada en su verdadera misión: “ser el “medula” del Amor de Cristo: en Él, por Él, con Él y para Él. No hay amor cuando en el corazón de los Hijos de Dios se infunden miedos, escrúpulos, condicionamientos. Cuando se le imponen fardos pesados sobre los hombros que, los hombres “de iglesia” somos incapaces de llevar nosotros mismos. Anhelo una iglesia que no sustituya la presencia de Cristo y se imponga ella como foco de atención. Quiero una iglesia que deje de “sentirse intermediaria” y se convierta en “facilitadora” de la gracia de Dios.
La iglesia de hoy se siente más aludida que la religión de Israel en el tiempo de los profetas, por las denuncias de éstos. Sin embargo, pensamos que el hisopo del agua bendita sólo salpica para fuera, es decir que empapa a la gente y no nos baña a nosotros que lo infundimos.
El “sacramentalismo” que vive la Iglesia, que lo ha convertido en el centro y la razón de su existir, sobre todo a niveles parroquiales. Donde los grandes éxitos se miden en cantidades, no calidad de la vivencia de la fe, es una de las variantes más importantes que ocasionan este evidente desgaste en el funcionamiento de la religión. Por ejemplo, se habla de “exitosa” unas primeras comuniones que tiene a más de 300 niños y niñas como partícipes. Se habla de una pastoral matrimonial exitosa cuando logra sacramentalizar a más de 100 parejas en un año. La masificación en torno a históricas y tradicionales fiestas y devociones mide el comportamiento “católico” de un lugar.
¿Caen en cuenta ahora, del significado de: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrara en el Reino de los Cielos?”
Hay mucho “Señor, Señor”, en nuestra práctica religiosa. Pero pocos en verdad se ocupan de vivir de tal manera que la Voluntad de Dios ocupe el centro de su todo espiritual. Hay mucha vida religiosa: cultual y sacramental en nuestros templos. Sin embargo hay poca vida espiritual en nosotros. La religión es un “compromiso” no un decisión consciente de vida. Es una práctica heredada, no una elección libre. Es una imposición, más no una consagración…
“El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca”
… No necesito citar la parábola de Jesús que sigue a continuación, todos la conocemos de memoria. La fe no es una práctica que se adiciona al quehacer de lo cotidiano, como un pantalón que con el que se viste de tanto en tanto y que es intercambiable: hoy me visto de católico, más tarde de secular, en otra ocasión de santero, o me coloco el pantalón de los rituales mágicos, de culto a los muertos, a la intervención de los elementos cósmicos, etc.
La fe es ante todo una decisión, una elección. Luego es un proceso, un peregrina un camino que se recorre a lo largo de la vida y que la involucra a ella toda y en todo momento y todo el tiempo. No soy “católico” por ir a misa… Soy católico porque yendo a misa encuentro en la gracia de Dios el Amor para vivir en forma relevante y actuar de forma extraordinaria, más allá de los parámetros y los estándares del mundo.
Soy discípulo de Cristo no porque me bautizo, sino porque vivo y realizo la triple misión mesiánica: Santificar, Anunciar-Denunciar y Amar. Ser cristiano no es la suma de domingos en misa y de rosarios rezados. Es el amor vivido, el amor entregado, el amor sentido, y el amor sufrido por Cristo en la construcción del Reino de Justicia y Paz.
Vivir la fe es una cosa, necesaria, importante, fundamental. Practicar los ritos y los sacramentos de la Iglesia es determinante. Llevar una vida de piedad y devoción es substancial. Sin embargo, le verdaderamente indispensable, imprescindible, urgente y trascendental, es ponerse en camino al Amor.
La única forma en la que este mundo encontrará al fin la reconciliación en donde todas las fronteras desaparecerán, las ansias de superioridad se derrumbarán y la paz del Señor por fin será no sólo un saludo en misa, sino una verdad compartida por todos, vivida en todo y realizada en todo el existir humano.
Y tú que prefieres: ¿Seguir subsistiendo en el “Señor, Señor”? o ¿Atreverte a vivir en el Amor del Amado que te hace Amor para el hermano?
Entonces, en el día de hoy, y por los días que quedan di una y otra vez: “Amado mío, sostenme en tu Amor”
Dios los bendiga.

Fuente: P. Yerko Reyes.-