Desde finales de agosto, al menos cuatro municipios del estado Trujillo —Valera, San Rafael de Carvajal, Escuque y La Ceiba— arrastran fallas sostenidas en el servicio de agua potable, atribuidas a averías eléctricas en el sistema de bombeo del acueducto metropolitano y a trabajos de reemplazo de tuberías. El problema no se resolvió con el paso de las semanas: a finales de septiembre, el sector La Beatriz, en Valera, cumplía nueve días consecutivos sin agua, y comunidades de Escuque reportaban ya dos meses sin servicio continuo.
Las cisternas ofrecidas como plan de contingencia, según denuncian los propios vecinos, resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. La alternativa cotidiana: acarrear agua en motos y pipotes, la misma solución de emergencia que debería haber quedado atrás hace años en un país con la reserva de agua dulce que tiene Venezuela.
Esto no es un corte puntual que se resuelve reparando una válvula. Es un patrón sostenido en el tiempo, que golpea a varios municipios por igual y que expone un problema estructural de mantenimiento e inversión en la infraestructura de Hidroandes y de la gobernación regional. «El Mejor Trujillo» —el proyecto editorial hermano de esta sección— seguirá exigiendo, con nombres y fechas, una respuesta oficial: ¿cuál es el plan concreto para restablecer el servicio de forma permanente, y quién rinde cuentas de los meses ya perdidos?