Opinión

Quitar las máquinas fiscales está bien; ahora hay que abaratar el pago

Por Yoni Toro Gelvis

Esta semana el Gobierno de Delcy Rodríguez dijo algo que pocas veces se escucha en boca del poder en Venezuela: que sus propias reglas impiden que la gente pague impuestos. «Quitamos la obligatoriedad porque entendemos que es una barrera para la formalización», explicó el superintendente del SENIAT, Román Maniglia, al anunciar la suspensión del uso obligatorio de las máquinas fiscales. En el mismo acto, la lista de contribuyentes especiales bajó de más de 132.000 a 44.000.

Celebro el diagnóstico. Lo he visto en los Andes durante años: la bodega de Valera, el taller de Boconó o la panadería de Mérida que no se formaliza no lo hace por mala fe, sino porque la formalidad cuesta. Comprar la máquina, pagar al técnico autorizado, cumplir un calendario de declaraciones pensado para grandes empresas, actuar como agente de retención. En una economía donde muchos negocios facturan poco, ese coste fijo decide entre vivir en la sombra o cerrar.

La presidenta encargada lo resumió así: «Hemos estado conversando sobre los números muy bajos de quienes pagan impuestos en el país, es un tema de justicia». Tiene razón. Pero en la Universidad de Los Andes aprendí que la base tributaria no se amplía con discursos, sino con incentivos. La gente paga cuando pagar es fácil, barato y previsible, y cuando ve que lo pagado vuelve en servicios.

Ahí está el riesgo. Una simplificación mal comunicada puede producir lo contrario de lo que busca: que el comercio, por miedo, siga igual que antes. El anuncio se hizo sin Gaceta Oficial ni providencia publicada. Un comerciante que mañana deje de usar su máquina no sabe qué documento debe emitir, ni si un fiscal le multará la semana próxima. La simplificación sin norma escrita es otra forma de inseguridad.

Por eso propongo cinco medidas concretas y medibles.

Primera: publicar en 15 días la providencia del SENIAT con las nuevas reglas de facturación, y un periodo de gracia de seis meses sin sanciones para quienes se adapten.

Segunda: un régimen simplificado para los pequeños negocios, con una cuota fija mensual según tramos de ingresos, que sustituya el IVA y el impuesto sobre la renta para quienes facturen por debajo de un umbral. Una sola declaración, un solo pago.

Tercera: una aplicación de factura digital gratuita del SENIAT, que funcione en un teléfono corriente y también sin conexión, porque en Lara o en Trujillo la luz y la señal se van varias horas al día.

Cuarta: una meta pública de nuevos contribuyentes, por ejemplo 200.000 inscritos en el régimen simplificado en el primer año, con un informe trimestral por estados.

Quinta: que la reforma tributaria integral anunciada se discuta en público en la Asamblea Nacional, con cámaras empresariales, gremios y universidades, antes de aprobarse.

Escribo desde Madrid, donde un autónomo puede darse de alta y facturar desde el móvil en una tarde. No es magia: es la decisión de que cumplir sea más fácil que evadir. España tiene sus problemas fiscales, pero esa lección vale para Venezuela.

El país necesita ingresos públicos para reconstruir la luz, el agua y los hospitales. Esos ingresos no vendrán de exprimir a los mismos 44.000 de siempre, sino de que millones de pequeños negocios entren por una puerta abierta. Esta semana se quitó un candado. Falta construir la puerta.

¿Formalizarías tu negocio si pagar impuestos fuera simple y con una cuota fija? Te leo en los comentarios.

Fuentes: Banca y Negocios (21-oct-2026); Finanzas Digital (21-oct-2026, tasa BCV); El Impulso (21-oct-2026, Activos por la Luz).

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