El Puente a la Libertad — El reloj del petróleo no puede marcar la hora del voto
Hay frases que dicen más de lo que pretenden. Esta semana, en una entrevista con la revista Time, Donald Trump aseguró que en Venezuela «podrían celebrar elecciones», pero que todavía es «demasiado pronto» porque el tema está «demasiado verde». En la misma conversación, según Infobae, dejó caer la explicación que lo aclara todo: «Las petroleras se están instalando».
Ahí está el problema de fondo de esta transición. Hay dos relojes funcionando a la vez. Uno es el del petróleo: licencias de la OFAC renovadas, Chevron estable, Repsol planeando producir un 50% más, Citgo de vuelta como comprador y exportaciones que se orientan cada vez más hacia el norte. Ese reloj va rápido, porque cada día de producción es dinero. El otro es el reloj democrático, y ese va a paso de morrocoy.
El calendario de la mesa de diálogo lo confirma. Las garantías políticas se discutirán a mediados de octubre. El nuevo Tribunal Supremo debería estar en noviembre, aunque el vicepresidente de la comisión preliminar, Pablo Pérez, calcula que será diciembre. El nuevo CNE y lo que se ha llamado «transición» quedan para diciembre. Y no hay una sola fecha electoral escrita en ningún papel.
Entiendo el argumento del realismo. Un país devastado por la crisis eléctrica, un terremoto y una década de autoritarismo no puede organizar elecciones de la noche a la mañana. Pero hay una diferencia enorme entre decir «necesitamos seis meses para hacerlo bien» y decir «es demasiado pronto» sin poner fecha. Lo primero es un plan. Lo segundo es una excusa con apariencia de prudencia.
La oposición ha dado señales de madurez. La Plataforma Unitaria propuso esta semana un «acuerdo de unidad nacional» para reconstruir el país, con prioridad en electricidad, agua, salud y educación. María Corina Machado ha dicho que está «decidida a regresar» y, según el senador Rick Scott, dispuesta incluso a reunirse con Delcy Rodríguez. Pero la reconstrucción y la reconciliación necesitan un horizonte. Sin fecha electoral, cada concesión de la oposición se convierte en un cheque en blanco para quien gobierna.
Por eso propongo que la tercera ronda de octubre tenga una sola condición innegociable: un cronograma electoral público, con fecha, árbitro renovado y observación internacional. Se trata de fijar una fecha, no de convocar elecciones mañana. Sin esa fecha, el TSJ de diciembre y el CNE de diciembre pueden convertirse en otro diciembre más de promesas.
A Washington le corresponde una responsabilidad especial. Si su influencia es suficiente para reorganizar la industria petrolera venezolana, también lo es para exigir un calendario democrático. Los venezolanos no le pedimos a Estados Unidos que elija por nosotros. Le pedimos que no confunda la estabilidad de sus barriles con la libertad de nuestro pueblo.
El puente hacia la libertad no se construye con petróleo. Se construye con votos.
¿Crees que la tercera ronda del diálogo debe exigir una fecha electoral como condición para continuar? Te leo en los comentarios.
Fuentes: Time vía swissinfo/EFE e Infobae (1-oct-2026); El Nacional (2-oct-2026); El Pitazo (2-oct-2026); Infobae (2-oct-2026); Efecto Cocuyo (29-sep-2026); Banca y Negocios (1-oct-2026).
