El Puente a la Libertad — Machado volvió: faltan sus garantías escritas
Por Yoni Toro Gelvis
El domingo 25 de octubre, María Corina Machado volvió a Venezuela. Reapareció en el santuario de la Divina Pastora, en Barquisimeto, y por la noche entró a Caracas escoltada por cientos de motorizados y recibida por miles de personas. «Estoy aquí. Con ustedes», escribió. Confieso que, desde Madrid, leí ese mensaje con la emoción de tantos venezolanos que llevamos años esperando que nuestros líderes, y nosotros mismos, podamos volver sin miedo.
Pero la emoción no puede sustituir a las preguntas. Nadie ha explicado por dónde entró ni en qué condiciones. El secretario de Estado, Marco Rubio, atribuye el regreso a las conversaciones respaldadas por Estados Unidos. El presidente Trump dice que no sabía «nada». La jefa de la delegación opositora, Dinorah Figuera, lo vincula con la discusión de garantías políticas en la mesa. Y Miraflores, hasta el cierre de esta columna, guardaba silencio. Algunos analistas hablan de un acuerdo «a varias manos» que podría incluir «ciertas condiciones y quizá incluso limitaciones».
Si hubo un acuerdo, el país tiene derecho a conocerlo. Una garantía que no está escrita es solo una tolerancia, y una tolerancia se puede retirar en cualquier momento. Lo hemos visto: dirigentes que volvieron y fueron detenidos, inhabilitaciones decididas sin juicio, salvoconductos que no valían nada.
El regreso de Machado es, al mismo tiempo, la mayor señal de apertura desde el 3 de enero y la mayor prueba para el diálogo. El mismo fin de semana, un coordinador de Vente Venezuela pasó horas detenido en Trujillo, y los presos de El Rodeo I celebraron la noticia a gritos porque no pueden hablar con sus familias. La apertura es real, pero todavía es desigual.
Por eso propongo seis garantías concretas y verificables, que la mesa de diálogo debería firmar antes de su cuarta ronda.
Primera: un documento público, firmado por el Gobierno y la oposición, que garantice la libertad de movimiento, de reunión y de expresión de todos los dirigentes políticos que regresen al país, con nombre y apellido.
Segunda: la revisión de las inhabilitaciones con un plazo cierto, por ejemplo antes del 11 de diciembre, cuando el nuevo TSJ debería tener su lista de magistrados.
Tercera: un protocolo de seguridad para los líderes de la oposición, con observación internacional y un canal de denuncia inmediata ante la mesa.
Cuarta: la liberación de los presos políticos que quedan, con un balance público semanal verificado por Foro Penal y por el Gobierno.
Quinta: el fin de las detenciones por horas contra organizadores de protestas pacíficas, con la obligación de informar públicamente del motivo de cada arresto.
Sexta: una fecha electoral presidencial anunciada antes de que termine el año.
El regreso de una líder no es todavía el regreso de la democracia. Lo será cuando cualquier venezolano, sea dirigente, técnico de sonido o preso político, pueda ejercer sus derechos sin pedir permiso a nadie. Ese es el puente que hay que terminar de construir, y cada garantía escrita es un tablón más.
¿Qué garantía le exigirías tú a la mesa de diálogo para confiar en que este regreso es definitivo? Te leo en los comentarios.
Fuentes: El Pitazo (25-oct-2026, regreso, Figuera y analistas); Al Jazeera (25-oct-2026, Rubio y Trump); Infobae (25-oct-2026); El Nacional (24 y 25-oct-2026, Delgado y El Rodeo I); El Pitazo (24-oct-2026, cronograma del TSJ).
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