Caña turca en Carache: que el convenio deje riqueza en Trujillo
Por Yoni Toro Gelvis
Esta semana, mi Trujillo apareció en las noticias por algo distinto a los apagones y a las intoxicaciones sin diagnóstico. El gobernador Gerardo Márquez firmó acuerdos con el grupo turco Tiryaki para sembrar 2.000 hectáreas de caña de azúcar en Carache y Candelaria, con 200.000 toneladas previstas y primeras cosechas en 2027. «El potencial que vemos en Trujillo es infinito», dijo su representante, Tolga Tanis.
Celebro que alguien de fuera vea en nuestras tierras lo que muchos trujillanos vemos desde siempre. Carache tiene vocación agrícola, gente trabajadora y una historia de producción que el abandono no ha borrado. Ninguna persona que quiera a Trujillo puede desear que este convenio fracase.
Pero, como economista formado en la Universidad de Los Andes, sé que la inversión extranjera en el campo puede tomar dos caminos. En uno, la empresa trae tecnología, compra a proveedores locales, forma técnicos y deja capacidades instaladas. En el otro, ocupa la tierra, exporta el producto con poco valor añadido y se marcha cuando cambian los precios. La diferencia entre ambos no depende de la buena voluntad: depende de cómo se escribe el contrato.
Y del contrato sabemos muy poco. Las notas oficiales no dicen cuánto se invertirá, cuántos empleos se crearán, bajo qué régimen se usará la tierra ni qué central procesará la caña. Hasta confundieron hectáreas con toneladas: hablaron de «200.000 nuevas hectáreas» cuando son 2.000. Si en el anuncio se cuelan errores de ese tamaño, la ciudadanía tiene derecho a ver el documento.
Por eso propongo cinco condiciones, concretas y medibles.
Primera: publicar el convenio. El texto íntegro, con montos, plazos y obligaciones de cada parte, en la web de la Gobernación, en un plazo de 30 días.
Segunda: metas de empleo por año. Cuántos trabajadores habrá en 2027, en 2028 y en 2029, y qué porcentaje serán residentes de Carache y Candelaria. Propongo un mínimo del 80% de mano de obra local.
Tercera: una cuota de compras a proveedores trujillanos. Transporte, insumos, mantenimiento y alimentación pueden contratarse en el estado. Un 30% de las compras locales, verificado por auditoría independiente, multiplicaría el efecto del dinero invertido.
Cuarta: transferencia de conocimiento. Si llegan expertos de Turquía, que formen a técnicos trujillanos con la Universidad Politécnica Territorial de Trujillo y con el núcleo de la ULA en Trujillo. Una escuela de campo en Carache valdría más que cualquier subsidio.
Quinta: un plan de agua y suelos. La caña necesita mucha agua. Antes de sembrar, debe publicarse un estudio que garantice que el riego no dejará sin agua a los productores de café, hortalizas y ganado de la zona, ni a las comunidades que ya sufren cortes del servicio.
Hay además una oportunidad mayor. Si la caña se procesa en Trujillo, en un central rehabilitado, el estado no solo vendería materia prima: produciría azúcar, panela, alcohol y, quizá, energía a partir del bagazo. Ese es el salto del campo a la agroindustria que el desarrollo económico local necesita.
Escribo desde Madrid, donde he visto cómo regiones agrícolas de España se transformaron cuando la inversión vino acompañada de cooperativas fuertes y reglas claras. El capital es necesario, pero no basta. Lo que convierte una siembra en desarrollo es lo que queda en el territorio cuando termina la cosecha.
Las 2.000 hectáreas de Carache y Candelaria pueden ser el comienzo de una nueva economía para el norte de Trujillo. Para eso, el convenio tiene que salir a la luz.
¿Crees que la Gobernación debería publicar el contrato con Tiryaki antes de que empiece la siembra? Te leo en los comentarios.
Fuentes: Últimas Noticias (17-oct-2026); Ciudad Trujillo (18-oct-2026).



