El Puente a la Libertad

El Puente a la Libertad — Aceptamos el reto, Diosdado: fecha, CNE independiente y regreso de Machado

Por Yoni Toro Gelvis

El miércoles 7 de octubre, bajo la lluvia de Caracas, Diosdado Cabello lanzó un desafío. Retó a la oposición a medirse en las urnas «sea quien sea y cuando sea» y dijo que el chavismo debe ser capaz «de volver a ganar». Lo dijo el mismo día en que pidió «seguir acompañando a la presidenta Delcy Rodríguez en todos los frentes de batalla», y sin pronunciar una sola vez el nombre de Nicolás Maduro.

Quiero tomarle la palabra. Desde el exilio, en Madrid, y con la experiencia de quien ha participado en elecciones y en la gestión pública en Trujillo, digo: aceptamos el reto. Pero un reto electoral no se responde con discursos en una tarima. Se responde con una fecha, un árbitro y reglas iguales para todos.

Hoy no existe ninguna de las tres. Delcy Rodríguez dijo en la ONU, el 23 de septiembre, que «habrá elecciones», pero no dio fecha. El Consejo Nacional Electoral no ha anunciado un calendario. La tercera ronda del diálogo sigue sin fecha. Y María Corina Machado, la dirigente que ganó la primaria opositora, lleva siete intentos frustrados de volver a su país. El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, negó que Washington bloquee su regreso. Muy bien. Entonces la pregunta es para Caracas: ¿qué lo impide?

Hay una frase de Cabello que me parece reveladora: «Nosotros nos adaptamos a las circunstancias». Es cierto. Las circunstancias cambiaron, y la mayoría de los venezolanos quiere votar. Adaptarse a esa realidad es aceptar una competencia limpia, no administrar los tiempos para que la elección llegue cuando convenga.

Propongo que la mesa de diálogo convierta el desafío de Cabello en un cronograma con cinco puntos verificables. Primero, una fecha para las elecciones presidenciales dentro de los próximos doce meses, anunciada antes de fin de año. Segundo, un nuevo directorio del CNE, designado por consenso, con al menos dos de sus cinco rectores propuestos por la oposición y la sociedad civil. Tercero, una auditoría internacional del registro electoral y la inscripción de los venezolanos en el exterior, que somos millones y tenemos derecho a votar. Cuarto, garantías de regreso y de participación para todos los dirigentes inhabilitados o exiliados, empezando por Machado, con la anulación de las inhabilitaciones firmadas bajo presión, como la que denunció la exmagistrada Bárbara César Siero. Quinto, observación electoral de la Unión Europea, la ONU y el Centro Carter desde la convocatoria, no solo el día de la votación.

Nada de esto es imposible. Venezuela tiene una larga tradición electoral, técnicos capaces y una ciudadanía que ha demostrado, una y otra vez, que quiere votar. Lo vimos esta misma semana en la Universidad de Los Andes, que eligió a su cogobierno tras dieciocho años de espera, sin incidentes. En el núcleo de Trujillo votó la mitad de los profesores, pese a los salarios, los apagones y la emigración. Si una universidad asfixiada puede organizar una elección limpia, el Estado venezolano, con todos sus recursos, también puede.

Al chavismo le digo con respeto: si de verdad confían en sus votos, no tienen nada que perder con reglas limpias. Y a la oposición le pido unidad y preparación, porque un reto aceptado obliga a las dos partes.

El puente hacia la libertad pasa por las urnas. Pero las urnas sin fecha, sin árbitro y sin candidatos no son un puente: son un decorado.

¿Qué condición consideras imprescindible para aceptar unas elecciones con el chavismo? Te leo en los comentarios.

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