El Puente a la Libertad

El Puente a la Libertad — Una consulta sin fecha no construye la unidad

Por Yoni Toro Gelvis

El martes 27 de octubre fue un buen día para la oposición venezolana. María Corina Machado volvió a la sede de Vente Venezuela después de más de dos años, se reunió con 33 dirigentes de la Plataforma Unitaria y de otras fuerzas, y escuchó a más de cien familiares de presos políticos. Horas antes, la Plataforma la ratificó como «la candidata presidencial de la fuerza democrática» y anunció una consulta nacional sobre su propuesta de Gran Acuerdo de 14 puntos.

Celebro la unidad. Llevo años escribiendo que sin ella no hay transición posible. Pero, como economista, desconfío de los procesos que no tienen indicadores. Y la consulta anunciada, según Crónica Uno, empieza con encuentros con universidades, gremios, iglesias y sindicatos, pero no tiene fecha de cierre ni mecanismo de votación.

Una consulta sin fecha corre dos riesgos. El primero es que se convierta en una ronda interminable de reuniones que nadie puede evaluar. El segundo, más grave, es que el Gobierno la use como prueba de que la oposición todavía no sabe lo que quiere. Delcy Rodríguez habló de quienes están «hambrientos de poder» y hacen «show». No le demos argumentos.

El calendario aprieta. Hoy abren las postulaciones al Tribunal Supremo, que cierran el 11 de noviembre. Los nuevos magistrados se designarían el 11 de diciembre. Después vendrá el nuevo Consejo Nacional Electoral. Si la oposición quiere llegar a esa mesa con un mandato claro, la consulta tiene que terminar antes.

Hay además una razón de fondo. Los venezolanos llevamos años votando en condiciones adversas, y en cada ocasión hemos demostrado que sabemos organizarnos, contar y defender los resultados. Esa experiencia ciudadana es el mayor activo de la oposición. Desperdiciarla en una consulta sin método sería un error que no nos podemos permitir.

Por eso propongo cinco reglas.

Primera: una fecha de cierre pública, no más tarde del 30 de noviembre, para que el acuerdo consultado llegue a la mesa antes de que se designe el CNE.

Segunda: un mecanismo mixto, con encuentros presenciales en los 24 estados y una votación digital verificable, con identificación de cédula y auditoría externa.

Tercera: la participación de la diáspora. Somos millones de venezolanos fuera del país. Desde Madrid, Edmundo González dijo el lunes: «No seremos —porque nunca lo hemos sido— simples espectadores de nuestro futuro». Que la consulta nos dé una forma concreta de no serlo.

Cuarta: la publicación de los resultados por estado y por tema, para que cada punto del acuerdo tenga un respaldo medible, y no solo la firma de los dirigentes.

Quinta: un compromiso de que los puntos más votados, empezando por la liberación de todos los presos políticos, sean las primeras exigencias de la oposición en el diálogo.

La unidad no es una foto en una quinta de Chacao, por importante que sea. Es un método para decidir juntos y rendir cuentas. Si la oposición demuestra que sabe consultar, contar y publicar, estará demostrando también que sabe gobernar.

Un puente se construye con planos, plazos y materiales verificables. La consulta puede ser uno de sus pilares, si se hace con reglas.

¿Participarías en una consulta de la oposición desde el exterior, y qué punto pondrías primero en la lista? Te leo en los comentarios.

Fuentes: Crónica Uno (27-oct-2026); Infobae/EFE (27-oct-2026); El Nacional (27-oct-2026, Machado y Edmundo González); Infobae/Europa Press (28-oct-2026); El Estímulo (27-oct-2026).

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