Opinión

Aumentos en enero, inflación hoy: el salario venezolano no puede esperar

Por Yoni Toro Gelvis

Esta semana me llegaron, casi a la vez, tres noticias que un economista no puede leer por separado. La Alianza Sindical Independiente informó de que la mesa tripartita acordó aumentos salariales escalonados a partir de enero de 2027. Los transportistas pidieron que el pasaje urbano suba de 25 a por lo menos 70 centavos de dólar. Y hoy, maestros, médicos y profesores universitarios salen a protestar porque, como dice Fapuv, «el gobierno destruye nuestro salario».

Vamos a los números. Según cálculos de Bloomberg Línea con datos del Banco Central, la inflación de septiembre fue del 8,4% mensual. Si ese ritmo se mantuviera de octubre a diciembre, los precios subirían cerca de un 27% antes de que llegue el primer aumento. Es decir, un trabajador que cobra lo mismo hasta enero habrá perdido, en la práctica, más de una quinta parte de su poder de compra. Aplazar un aumento con esta inflación no es prudencia: es un recorte silencioso.

El problema no es solo la fecha. Es el diseño. El salario mínimo sigue en 130 bolívares desde 2022, menos de 20 centavos de dólar. Todo lo demás, hasta los 240 dólares del llamado «ingreso mínimo integral», son bonos que el Gobierno da y quita a discreción, que no cuentan para prestaciones, vacaciones ni pensiones, y que se pagan a través del Sistema Patria. Un trabajador con bonos no tiene un salario: tiene una dádiva. Y una dádiva no permite planificar nada: ni el alquiler, ni la matrícula de los hijos, ni la jubilación. Quien depende de ella vive mes a mes, pendiente del próximo anuncio.

Entiendo la preocupación fiscal. Un aumento brusco sin respaldo puede alimentar la inflación. Pero la respuesta no es esperar. Es tener reglas. Por eso propongo cuatro medidas concretas.

Primera: convertir en salario, desde el 1 de enero, al menos la mitad del ingreso mínimo integral, para que cuente para prestaciones y pensiones, y completar la conversión en un plazo máximo de 12 meses.

Segunda: una regla de indexación trimestral pública, que ajuste el salario según la inflación oficial del trimestre anterior, con una fórmula conocida por todos. Así, el trabajador no depende de un anuncio político cada 1 de mayo.

Tercera: un bono de transición para octubre, noviembre y diciembre, que compense al menos la inflación de estos tres meses, financiado con una parte de los nuevos ingresos petroleros, con el Brent por encima de los 115 dólares.

Cuarta: la eliminación del Sistema Patria como vía obligatoria de pago a los empleados públicos. El salario se paga en la cuenta bancaria del trabajador, no a través de una plataforma política.

He enseñado economía durante años y siempre repetía lo mismo: la inflación es el impuesto más injusto, porque lo pagan sobre todo quienes no tienen cómo protegerse. Desde Madrid veo cómo un trabajador español sabe qué pasará con su sueldo cuando suben los precios, porque existen convenios y reglas. Esa previsibilidad no es un lujo de países ricos: es la base de cualquier economía que quiera recuperarse. Sin ella no hay ahorro, no hay crédito y no hay inversión de largo plazo.

El Gobierno tiene la oportunidad de anunciar el 1 de noviembre algo distinto a otro bono. Puede anunciar una regla. Y una regla, a diferencia de un bono, no se le puede quitar a nadie.

¿Cuánto ha perdido tu salario desde el último aumento, y qué preferirías: un bono grande una vez o un ajuste automático cada tres meses? Te leo en los comentarios.

Fuentes: Finanzas Digital (28-oct-2026, salarios y pasaje); Infobae (28-oct-2026); Bloomberg Línea (28-oct-2026); Banca y Negocios (27-oct-2026); Infobae/EFE (28-oct-2026, Brent).

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